Su pasión por el coleccionismo llegó por casualidad, sin hacer ruido. Eso sí, a sus 74 años todavía se le iluminan los ojos como a un niño cuando sostiene algunas de las primeras miniaturas que llegaron a sus manos. “Yo era muy pequeño. Y fueron regalos de mis abuelos, por ejemplo, una preciosa montaña rusa que me trajeron en los años 50 de Alemania. Y también un detalle que tuvieron mis padres cuando nació mi hermano”, recuerda.
https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y- ... 36863.html
UN SALUDO
